LA DIVULGACIÓN DEL CONOCIMIENTO:
REGLA CAPITAL DE TODA CIENCIA.

Sin olvidar el discurso que propone debatir epistemológicamente sobre la naturaleza del saber jurídico, en tanto constituye o no una verdadera ciencia, llevan la razón quienes sostienen que, sin perjuicio de salvar esta disputa, el Derecho es en sí un modo de conocer, delimitando su objeto y métodos; de manera tal de permitirnos hablar cuanto menos de un saber racional.

Así las cosas, y entendiendo que estas características -en general- permiten que designemos científicamente a nuestro estudio, queda claro que el horizonte principal en la investigación del objeto del derecho es pues su finalidad, idéntico al de cualquier forma de conocimiento sistematizado: hacer saber lo que se sabe. Enseñar lo aprehendido, demostrándolo o aplicándolo.

Para nuestro caso, tanto la demostración como la aplicación se llevan adelante por medio de la palabra; el as bajo la manga de todo buen abogado. Es en la palabra donde iniciamos la investigación, buscando en el texto legal la interpretación que de sentido al espíritu legislativo, luego la traducimos en la hipótesis abstracta, proponiendo los límites que en cada caso aquel texto pretende abarcar, continúa la palabra luego verificándose en la situación concreta que es discutida en el caso real sometido a decisión por la judicatura. En fin, con la palabra, en todo momento los actores de cada etapa, decimos el derecho.

Y la palabra ha sido históricamente transmitida mediante las maneras que el hombre tenía a su alcance: la oralidad, la tinta, la imprenta y hoy, la transferencia electrónica.

Entonces parece casi absurdo que la transmisión del conocimiento científico-jurídico quede fuera de tamaña revolución social. Es que la Internet se ha convertido para una inmensa mayoría de las personas, en el medio ordinario de comunicación diaria; permite hablar, ver, escuchar, comprar, vender, promocionar, entretener, educar, opinar (y otras cosas non santas también) y afortunadamente, divulgar.

Y la divulgación del saber jurídico se adapta a la tecnología, que de alguna manera le permite incluso impulsar el desarrollo del conocimiento, más allá de los profesionales del derecho pues también llega, asequible; a la comunidad toda en el lenguaje sencillo del entendimiento cotidiano.

Desde el Nordeste argentino pretendemos formar con la publicación de este portal, un ámbito apropiado y común, que permita mejorar día a día la calidad académica de los operadores jurídicos, que colabore con el fomento y desarrollo del debate dogmático y jusfilosófico, que promueva la educación de la comunidad logrando un mayor grado de cultura cívica; y por fin, cometer el fatal destino de toda ciencia: transmitir sus conocimientos.

KOLE PESOA

 

 

 
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